Final De Los Tiempos

sábado, 1 de septiembre de 2012

Homilía Dominical Septiembre 2 De 2012


Homilía Dominical
Septiembre 2 De 2012

Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:
Deuteronomio 4, 1-2. 6-8
Carta del apóstol Santiago 1, 17-18. 21-22. 27
Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23


Las lecturas de este domingo nos ofrecen elementos muy ricos para reflexionar sobre el comportamiento de los creyentes; podríamos decir que nos ofrecen un Curso básico de moral cristiana, distribuido en tres lecciones, siguiendo las lecturas del día.

Empecemos por el libro del Deuteronomio; allí Moisés exhorta al pueblo de Israel a poner en práctica los mandatos y preceptos del Señor. Siguiendo con la imagen del Curso básico de moral cristiana, veamos algunas enseñanzas de esta primera lección:


  • §  Dice Moisés que los mandatos del Señor “son la sabiduría y prudencia de ustedes a los ojos de los pueblos”. Estas dos palabras, sabiduría y prudencia, nos enseñan que los mandamientos del Señor son la brújula que señala el camino y muestran los valores esenciales que deben ser tenidos en cuenta cuando tomamos decisiones. Si nos olvidamos de los mandatos del Señor, caminaremos sin rumbo.

  • §  En esta primera lección sobre moral que nos ofrece el libro del Deuteronomio, encontramos otra enseñanza, que se refiere al testimonio: si obramos en coherencia con los principios morales básicos y actuamos según los valores que propone nuestra fe, “los pueblos se dirán: en verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente”. La gente nos juzgará por las actuaciones que tengamos; las acciones positivas motivan y convencen; las acciones negativas escandalizan y alejan.

Pasemos ahora a la Carta del apóstol Santiago. ¿Qué aportes nos hace esta segunda lección del Curso básico de moral cristiana? Allí encontramos orientaciones muy precisas:

  • §  Nos  dice el apóstol: “Acepten dócilmente la Palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos”. A través de esta sencilla imagen tomada de la agricultura, Santiago expresa la transformación que se ha obrado en nosotros, gracias a la muerte y resurrección del Señor, pues la vida divina nos ha hecho renacer a una vida  nueva.

  • §  El apóstol Santiago nos describe, en palabras sencillas y elocuentes, lo que debe ser la vida moral del creyente: “Pongan en práctica esa Palabra y no se limiten a escucharla”. En esta perspectiva, la moral del cristiano consiste en expresar en lo cotidiano la vida nueva, cuya semilla ha sido sembrada en nosotros por el bautismo que hemos  recibido.

  • §  Las aguas del bautismo nos hacen participar en la muerte y resurrección del Señor, abriéndonos a una vida nueva. Por eso cada uno de nuestros actos debe hacer evidente esa transformación interior que se ha obrado en nosotros. Por eso el apóstol Santiago afirma que “la religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y en guardarse de este mundo corrupto”.

En este Curso básico sobre la moral cristiana, llegamos a la tercera lección, que está consignada en el texto evangélico que hemos escuchado:

  • §  Jesús responde a una crítica manifestada por los escribas y fariseos: “¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?”. Recordemos que la religión judía tenía normas muy estrictas para garantizar la pureza ritual que se exigía a los creyentes para poder participar en las fiestas religiosas.

  • §  Jesús critica con vehemencia esta obsesión por respetar los formalismos. En su argumentación, toma unas palabras del profeta Isaías y las aplica a los escribas y fariseos: “¡Hipócritas! Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.

  • §  Jesús  propone, entonces, lo que algunos autores contemporáneos llamarían una moral de actitudes; critica la posición de aquellos que se quedan en los gestos externos desinteresándose de las motivaciones profundas y de las intencionalidades que conducen a actuar de determinada manera. Por eso afirma que “lo que mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios (…)”

  • §  ¿A dónde nos conduce una moral de actitudes? Nos lleva a no quedarnos en el simple reconocimiento de las acciones negativas, como lo hacen muchas personas cuando se acercan al sacramento de la reconciliación; no basta con decir que he faltado a la misa de los domingos o que he hecho trampa en los negocios o que he hablado mal de los otros afectando su buen nombre. La moral de actitudes nos pide ir a la raíz de los comportamientos negativos y preguntarnos por qué estamos obrando así.

  • §  Utilizando el lenguaje propio de la salud, podríamos decir que los actos son como la fiebre que pone en evidencia que el organismo está padeciendo una infección; lo que se ataca con los antibióticos no es el síntoma – la fiebre – sino el foco infeccioso. De manera semejante, podemos afirmar que los actos negativos son los síntomas o manifestaciones de que algo más profundo no está funcionado de manera adecuada. Por eso no debemos quedarnos en una moral de actos sino avanzar hacia una moral de actitudes. Este es el mensaje de Jesús cuando afirma que “del corazón del hombre salen las intenciones malas”.

Las lecturas de hoy nos enseñan que la auténtica moral del creyente no se reduce a cumplir unos formalismos. La fe nos pide construir un proyecto de vida que busque permanentemente la coherencia entre ese ser nuevo que ha renacido de las aguas del bautismo, las actitudes que se van modelando en lo profundo del corazón y los actos de justicia, honestidad y solidaridad. Por eso decíamos al principio de esta meditación que estas lecturas nos ofrecen una especie de Curso básico de moral cristiana.

viernes, 31 de agosto de 2012

Momentos De Crisis En La Vida:


EL lago de Galilea
(Lucas)


Por: Alejandro Londoño Posada, S.J.

Momentos De Crisis En La Vida:

Más de un lector ya con el sólo título habrá corrido con su imaginación las orillas del Lago de Galilea. Y estará esperando que transmitamos los diálogos de Jesús con sus discípulos. Por un momento dejémoslo en el lago con ellos. No tienen afán. Escuchan al Maestro con atención y cariño. Recordemos primero las vivencias que nos traen estos sitios.

Pocos lugares tan bellos para orar como una laguna limpia, en donde se refleja el Creador.

Quizás nos venga a la memoria alguna tía, que nos llevaba a un Jardín Botánico, donde existía un pequeño lago. Era no sólo un descanso dominical, sino la aventura de montar en barca y aprender a remar. Quizás, en otras ocasiones íbamos de paseo a una represa, en donde admirábamos el ingenio humano, capaz de aprisionar tal cantidad de  agua.

Para quienes vivimos en Colombia, la visita a la laguna de Tota es un regalo obligatorio. Es revivir la invitación de los Ejercicios Espirituales de encontrar a Dios en la naturaleza. Por eso no es raro encontrar bellos lagos en Casas de Retiros, estilo Foyer de Charité u otras por el estilo. Por supuesto ninguna de estas experiencias supera la de sentirse en contacto con el Lago Titicaca, que comparten Bolivia y Perú. Es el más alto y bello del mundo.

Hacia los años 50 aparecieron una serie Vidas de Jesús donde los autores gozaban dibujando paisajes de Galilea, Con excelente estilo literario, Riccioti, Bover, Grandmaison, Daniel-Rops y otros más, nos ahorraban las costosas peregrinaciones de entonces a Tierra Santa y nos pintaban las orillas del Lago de Galilea.

No es raro que muchas personas, guiadas de la mano de Ignacio de Loyola, haciendo sus Ejercicios Espirituales, se hayan esforzado, en las llamadas contemplaciones, por ver a Jesús paseando junto al lago y llamando a sus discípulos a ser pescadores de hombres. Coloco las citas, pues vale la pena abrir los evangelios para meditar y contemplar estas escenas (Mateo 4,18-22; Marcos 1,15-20). Lucas las presenta en el mismo sitio, pero llamando al lago con el nombre de Genesaret y con los muchachos en plena pesca (Lc 5,1-11).

Pienso que más de un lector estará comenzando a recordar otras escenas de aquel lago. Tal vez aquella cuando lo cruzaban y Jesús dormía bien tranquilo en popa. El lago estaba tan encrespado que los discípulos se estarían imaginando salir en primera página de un periódico entre los ahogados. Llenos de susto lo despertaron y le dijeron: “Señor, sálvanos que nos hundimos” (Mt. 8,25).

Marcos  repite la misma escena, con unos discípulos más groseros: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” (Mc 4,38). Lucas, menos miedosos, pero más escandalosos: “Maestro, maestro, nos hundimos!” (Lc 8,24). En las tres narraciones, Jesús no deja de reprocharles la falta de fe. Y en ninguna falta la admiración, cuando ordena a la tempestad calmarse: “Quién es este que manda incluso a los vientos y al agua y le obedecen” (Lc 8,25).

Quizás más de un lector, habrá recordado momentos en que ha estado en peligro de sucumbir ante una tempestad.

No estaría por demás, traer a la memoria momentos de crisis en la vida:
-       por un hundimiento económico,
-       por un viento de calumnias
-       o por otras circunstancias,
-       incluso de tipo moral.

Y valdría preguntarnos ¿Con qué fe acudimos al Señor que calma los lagos y las tempestades?